Nota: Por problemas de edición, puedes continuar leyendo este cuento, si visitas: www.ciudadseva.com
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Juan vivía con su madre en una pequeña cabaña del bosque. Poco después de que su padre muriera y su madre quedara viuda, la situación de la familia empeoró tanto que la madre tuvo que pedirle a Juan que fuera a la ciudad para intentar vender su única posesión valiosa: una vaca. El niño tomó la vaca y se dirigió a la ciudad. En el camino encontró a un hombre que le preguntó:
– ¿Adónde vas con esa vaca? ¿Quieres venderla?
Juan le explicó que se dirigía a la ciudad para vender la vaca porque él y su madre necesitaban el dinero. El hombre le dijo que no podía pagarle el precio de la vaca pero que podía darle unas habichuelas a cambio. Le explicó que se trataba de unas habichuelas mágicas que podían darle mucho más beneficios que el dinero que conseguiría por la vaca. Sin pensarlo dos veces, Juan aceptó el cambio y volvió a casa muy contento con su bolsa de habichuelas. Cuando llegó, le mostró a su madre la bolsa y esta, con gran disgusto y desesperación, rompió en llanto. Contrariada, la madre tomó las habichuelas y las arrojó a la tierra diciéndole al niño:
– Estamos perdidos, nuestro único tesoro era la vaca y ahora ni siquiera podemos contar con ella.
Al día siguiente, cuando Juan se levantó y abrió la ventana de su habitación, vio que las habichuelas habían crecido tanto que sus ramas se perdían de vista. Sin pensarlo dos veces, trepó por la planta y subió lo más alto que pudo, por encima de las nubes, hasta que llegó a una ciudad desconocida.
Juan bajo de la planta y comenzó a recorrer la ciudad. Había andado muy poco cuando vio un enorme castillo que pertenecía a un malvado gigante. En el castillo había una gallina que ponía huevos de oro cada vez que se le ordenaba. Entonces Juan pensó que con los huevos de aquella gallina él y su madre podrían tener el dinero que necesitaban para comprar la comida. Esperó a que el gigante se durmiera y, muy despacito, se llevó algunos huevos de la gallina. Salió corriendo del castillo, llegó hasta las ramas de las habichuelas y comenzó a bajar poco a poco. Ya en el suelo, salió corriendo hasta la cabaña y le contó a su madre lo que había sucedido. Su madre se puso muy contenta y así vivieron un tiempo hasta que el dinero por el que habían vendido los huevos de oro se terminó.

Entonces Juan volvió a trepar por la planta hasta el castillo del gigante, pero esta vez, en vez de llevarse más huevos, decidió que era mejor tomar la gallina. Así que esperó a que el gigante se durmiera, tomó a la gallina, la metió dentro de una bolsa y salió disparado hacia su casa. Con los huevos que ponía la gallina su madre y Juan vivieron tranquilos por mucho tiempo, hasta que un día la gallina se murió.
En esta ocasión, Juan volvió a treparse por la planta y regresó al castillo. Se escondió tras una cortina y vio cómo el gigante contaba las monedas de oro que sacaba de una gran bolsa. Solo tuvo que esperar a que el gigante se durmiera y rápidamente recogió la bolsa con las monedas de oro y echó a correr hasta la planta, descendió y llegó a su casa.
Con las monedas de oro tuvieron dinero para vivir mucho tiempo. Sin embargo, las monedas también se acabaron y Juan tuvo que volver a escalar una vez más las ramas de la planta para ir al castillo del gigante en busca de un nuevo tesoro. En esta ocasión vio al gigante guardar en un cajón una cajita que, cada vez que se levantaba la tapa, dejaba caer una moneda de oro.
En cuanto el gigante salió de la habitación, el niño tomó la cajita y la guardó. Desde su escondite, Juan vio que el gigante se tumbaba en un sofá, mientras escuchaba el sonido de un arpa cuyas cuerdas se tocaban solas. De sus cuerdas salía una preciosa música. Mientras el gigante escuchaba aquella melodía, comenzó a dormirse. Juan aprovechó la ocasión para coger el arpa y echar a correr. Sin embargo, lo que no sabía era que el arpa estaba encantada, así que cuando la tomó en sus manos, del arpa salió una voz:
– ¡Señor, despierte, que me roban!
El gigante se despertó sobresaltado y empezó a perseguir a Juan, que corría desesperado para llegar a la planta. Comenzó a descender rápidamente, pero al mirar hacia arriba vio que el gigante también descendía por ella. No tenía tiempo que perder. Así que mientras descendía, Juan le gritó a su madre que le llevara un hacha.
Su madre acudió con el hacha y Juan, de un certero golpe, cortó el tronco de la habichuela mágica. Juan y su madre vivieron felices con la cajita que, cada vez que se abría, dejaba caer una moneda de oro.
La Gallina
de los Huevos de Oro
Había en un
corral una gallina que ponía huevos de oro.
Su dueño,
que todas las mañanas los recogía y vendía a buen precio, díjose entonces:
—Si los
huevos de la gallina son de oro, las entrañas, donde se forman, deben contener
oro en abundancia.
Acto
seguido, mató a la gallina creyendo hacerse rico en poco tiempo; pero al
comprobar que las entrañas eran como las de todas las gallinas, comprendió que
había cometido un irreparable error.
—¡Bien
merecido tengo el chasco, pues feliz estaba con mi gallinita viva que me daba
un huevo todos los días! —exclamó el ambicioso, presa de honda frustración.
Fabula La
Gallina de los Huevos de Oro
MORALEJA
La codicia
es mala consejera,
y hace tu
fortuna pasajera.
Apreciados lectores de este blog dedicado a la literatura infantil y la poesía. En este nuevo año 2025 que se inicia continuaremos resaltando con nuestros escritos, el amplio mundo literario en general, pero en especial la literatura y poesía infantil venezolana. Nuestro portafolio incluye la masiva difusión de escritores tanto contemporáneos como emergentes, estamos conscientes que los retos son muy diversos, pero contamos con todo un equipo de asesores, tanto nacionales como internacionales que nos permitirá cumplir las actividades programadas para el primer trimestre del año en curso. Muchas gracias por el apoyo y por las críticas recibidas, las cuales permiten la revisión continua y los ajustes pertinentes. Atte. Manuel Ibarra Escritor y poeta.
La reina de
todas las virtudes.
Se
encontraban un día discutiendo en una habitación, todas las virtudes
porque querían determinar cuál, de ellas era la más importante, para que el
hombre reinara y dominara el mundo, a la naturaleza. En ese momento intervino
la fuerza y dijo:
-Yo soy la
más importante virtud, para que el hombre sea feliz y pueda dominar el mundo-.
Soltando una
larga carcajada la felicidad argumento:
-Disculpe
amiga, pero ya que me ha mencionado le diré que, sin mí, el hombre será infeliz
toda su vida y no podrá dominar el mundo que usted señala-.
Dando un
salto el amor intervino:
-Sin lugar a
dudas que yo debería ser la virtud más importante para el hombre, porque sin
amor no tendrá felicidad y por más fuerza y poder que tenga, será un pobre
desdichado-.
Pasados unos
minutos el poder alzo la mano para decir:
-Disculpen
amigas pero considero que, sin mí, él hombre no logrará reinar en este mundo,
eso lo aseguro-.
Desde un
rincón la astucia aprovecho la ocasión para afirmar:
-Recuerden
una cosa, el hombre que no actúe con astucia no será nadie en la vida-.
La discusión
continuaba tomando fuerza, cuando de pronto se escuchó la voz de la inteligencia:
-Escuchen
amigas, las he escuchado con paciencia, ahora espero que ustedes me presten
atención para que entiendan y puedan comprender que, sin mí, el hombre podrá
tener todas las demás virtudes, pero no logrará dominar la naturaleza y menos
el mundo. Por ejemplo, solo con inteligencia el hombre transformará la
fuerza del agua y convertirla en electricidad para iluminar su vivienda,
calles, pueblos y ciudades.
De igual
manera solo yo le permitiría transformar la fuerza del viento y crear
las velas de los barcos para navegar por mares y ríos. Por otra parte, tengan
en cuenta, que el hombre inteligente es feliz y logra vencer las dificultades y
obstáculos en la vida. Así como con inteligencia se logra conquistar el amor
de las mujeres y no por medio de la fuerza, sino con halagos, flores, regalos y
frases hermosas entre otras cosas.
Con respecto
al poder les diré que es un medio de dominio, pero solo a través de la
inteligencia se podrá administrar de manera prudente porque de no hacerlo, está
demostrado que el poder corrompe, genera avaricia, maldad, rencor lo cual puede
dañar a otras personas, sino se controla con sabiduría, e inteligencia
por supuesto-.
Después de
escuchar con atención las palabras de la inteligencia, las demás virtudes
presentes, reconocieron que para reinar y dominar el mundo. El hombre debe ser
ante todo muy inteligente para poder convertir la fuerza en poder y lograr a
través del amor, ser feliz, aunque un poco de paciencia, astucia,
prudencia, fortaleza y malicia [ST1] ,
nunca estarán demás.
Fin.
La pata en el
plato.
En el inmenso
bosque don Tigre organizo una fiesta para celebrar su cumpleaños, razón
por la cual decidió invitar a todos los animales y aves que encontraba en su
camino, incluyendo al león por ser el rey de la selva. Dando un salto al
verlo venir el pequeño conejo se rehusó asistir al evento mientras que
el venado se perdió en veloz carrera al igual que la cebra.
Por su parte
la culebra acepto la invitación pensando que la ocasión seria propicia
para beber y comer de todo un poco. El gran elefante no tuvo problema en
aceptar la invitación al igual que la jirafa en cambio que el loro
cantaba en una rama un poco indeciso de asistir. Continuo don tigre invitando a
los animales cuando se le acerco el zamuro diciéndole a cierta distancia que no faltaría a la
fiesta por nada del mundo.
En vista de
que pasaban las horas don tigre sintió hambre y acercándose con sigilo a
la orilla del rio, sorprendió a doña pata quien solitaria se estaba
refrescando entre las aguas, para calmar el calor del mediodía. Sin pensarlo
dos veces el feroz tigre se comió al ave no sin antes dejar sus patas para
servirlas de comida a los asistentes a su fiesta. Llegada la noche, el bosque resplandecía
ya que en la madriguera del tigre había luces y mesas repletas de frutas y
comidas. Uno a uno fue llegando los invitados incluyendo al loro que parado
sobre la rama de un árbol observaba la velada.
Don tigre muy
cordial servía bebidas y conversaba con el león y con el elefante. De pronto llegó
don pato quien dando gritos preguntaba por su esposa doña pata a la cual
no encontraba por ninguna parte. En ese momento el zamuro se le acerco y muy
apenado le puso una de sus manos sobre el hombro al tiempo que le decía:
-Don pato le
doy mi sentido pésame y mire su pata esta en este plato-.
Inmediatamente
todos los animales sorprendidos se retiraron del lugar algunos en veloz carrera
como la jirafa al comprender que don tigre se había comido la pata de don pato
mientras el loro gritaba:
-Don tigre se
comió la pata de don pato,
y solo dejó
su pata en el plato-.
Fin.
Autor: Manuel
Ibarra
Caracas/Venezuela
15-08-2024
Derechos
reservados.
Niño bueno,
niño malo.
En un
apartado pueblo vivía una familia de campesinos dedicados al cultivo de
hortalizas, frutas y cría de animales domésticos. Tenían un par de hijos
gemelos a los cuales querían mucho, se llamaban Luis Alejandro y Pedro
Miguel. Los pequeños fueron creciendo, pero los padres pronto notaron
ciertas diferencias por ejemplo Luis Alejandro era muy travieso y juguetón, le
hacía maldades a los animales mientras que Pedro Miguel era todo lo contrario.
La madre de ambos doña María le preocupada aquella situación razón por la cual
se lo comentaba a menudo a su esposo don Carlos Calatrava quien continuamente reprendía
a Luis Alejandro de manera severa y ruda.
Un día
mientras visitaba la iglesia del pueblo doña María decidió conversar con el
sacerdote sobre el caso ya que alarmada por encontrar a un pequeño gato colgado
en uno de los árboles del jardín, al preguntar a su hijo Luis Alejandro este admitió
de manera muy tranquila que el pequeño gato se había comido unos de los ratones
del bosque, razón por la cual había decidido colgarlo del árbol como
escarmiento para los demás gatos.
Después de
escuchar con atención el relato, el sacerdote Rogelio Castañeda le pidió que en
la próxima reunión llevara al niño para hablar con él y aconsejarlo sobre los
aspectos del bien y del mal. Así sucedió, la siguiente semana doña
María se llevó a Luis Alejandro a la misa. Una vez terminado el oficio
religioso el sacerdote decidió sentarse junto al pequeño de nueve años para
conversar un rato:
-Hola Luis
Alejandro soy el padre Rogelio-
¿Dime como te
sientes?
-Muy bien
padre, me siento contento de visitar la casa de Dios-.
¿Y dime has
hecho algo malo recientemente de lo cual quieras hablarme?
-Bueno padre,
algo malo como hacerle daño a otra persona, no creo-
-Por cierto,
hace unos días decidí colgar a un pequeño gato de un árbol porque se comió a un
ratón del bosque-.
¿No crees que
eso es algo malo Luis Alejandro?
-No padre
todo lo contrario el gato se comió a ese pequeño ratón, que a lo
mejor andaba en busca de comida para su familia-.
-Eso no lo
sabemos Luis Alejandro-
¿no te has
preguntado que el gato también andaba en busca de comida para su familia?
-No lo creo
padre, porque yo he visto a mi madre echarle todos los días comida a esos gatos
que tenemos en nuestra casa-.
-Bueno Luis
Alejandro quiero pedirte que no vuelvas a colgar gatos en los árboles de tu
casa-
-No le
prometo nada padre, porque eso sería como pensar que usted deja entrar en esta
iglesia, solo a los buenos y excluye a los malos-.
Terminada la
conversación el sacerdote se acercó a doña María y le comento en vos baja:
-Debo decirle
que tiene usted un niño muy inteligente para su edad, con una capacidad de
análisis y reflexión asombrosa. Su corazón tiene un lado bueno y uno malo.
Démosle tiempo para que crezca y veamos su comportamiento como adolescente-.
Pasados los
años, aquellos niños crecieron y ya convertidos en adolescentes se marcharon de
aquel pueblo para estudiar en la ciudad. Pedro Miguel decidió estudiar leyes
mientras que Luis Alejandro estudiaba veterinaria. En cierta ocasión regresaron
al pueblo a pasar el receso escolar y estando de compras en el mercado, se
encontraron en una calle el joven Luis Alejandro y el padre Rogelio:
-Hola hijo,
que bueno que te encuentro-.
¿Deseaba
preguntarte como te va con tus estudios?
-Excelente
padre Rogelio y recordando nuestra vieja charla en la iglesia le diré que con
mis estudios de veterinaria he aprendido a controlar mi lado bueno y mi lado
malo-.
¿Puedes
explicarme como lo has logrado hijo?
-Bueno padre
escuche con atención, con mis estudios me he dado cuenta por ejemplo que existe
un procedimiento científico por medio del cual, se puede controlar la
reproducción en los animales y así mantener el equilibrio en la naturaleza ósea
que no hay necesidad de matar animales indiscriminadamente como yo lo hacía
cuando pequeño. Vio que si pueden convivir lo bueno y lo malo-.
-Hijo ese es
un milagro del cual quiero conversar con tu querida madre-.
Mientras Luis
Alejandro continuaba con su recorrido de compras por el mercado, el padre
Rogelio reflexionaba en silencio sobre aquella interesante conversación.
Fin.
Autor: Manuel Ibarra
Caracas/Venezuela
09-08-2024
Derechos reservados.